Cocina consciente: consejos para que tus platos rebosen salud

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Cocina sabiamente y disfruta de tus platos

A la hora de entrar en la cocina y preparar esos platos tan sabrosos, es preciso tener en cuenta una serie de factores que pueden estar influyendo directamente en tu salud.

Cuando hablamos de salud, normalmente identificamos ciertos alimentos y determinados hábitos de vida como “buenos” o “malos” según consideramos su impacto en nuestras vidas.

Pero también existen otras cosas a tener en cuenta, como las costumbres o la cultura en la que estamos inmersos.

Habitualmente, aquello que forma parte de nuestra cultura solemos identificarlo como algo “que no puede ser malo, si siempre lo he hecho así”.

Pero hoy te invitamos a replantearte el impacto para la salud que pueden llegar a tener algunos hábitos que llevamos haciendo toda la vida por inercia. 

En este artículo te daremos unos consejos para que cuando cocines lo hagas con consciencia, eligiendo las opciones más sanas para llevar a tu mesa (y a tu organismo). 

Empieza por priorizar los alimentos de calidad, preferiblemente de producción ecológica y los que hayan sido menos tratados con pesticidas, hormonas o antibióticos.

Pero además del alimento en sí mismo, debemos prestar atención a la forma en la que se cocina, la temperatura a la que es sometido y los utensilios que usamos, ya que también influirá en nuestra salud.

A continuación te dejamos algunas pautas que te servirán para brindarte a ti y a los tuyos unos platos nutritivamente deliciosos.

Acompaña tus comidas con un buen plato de alimentos vivos (ensalada o frutas frescas).

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Consejos para una cocina saludable

En la cocina, lo primero a tener en cuenta, es el tiempo de exposición al calor. 

Es decir, cuanto mayor exposición al calor, mayor pérdida de nutrientes, mayor desvitalización del alimento y una mayor pérdida de sabor. 

En definitiva, obtienes menor salud en tu plato.

El agua es un factor importante. Si cocinamos con mucha cantidad de agua, se produce una mayor pérdida de nutrientes que se quedan en el caldo de cocción. 

Si luego desechamos ese caldo y no nos lo tomamos, entonces perderemos definitivamente una parte muy importante de nutrientes de ese alimento. 

Por otro lado, es mejor trocear las verduras en trozos grandes para evitar una pérdida excesiva de nutrientes, y echarlas en la olla una vez que el agua hierve. 

Además, el oxígeno provoca una pérdida de nutrientes al contactar con los alimentos. 

Por esto siempre es preferible tapar las cazuelas durante la cocción, así se evita la pérdida de calor y la oxidación de los alimentos, que trae como consecuencia mayor una gran destrucción de la vitamina C.

Cocer los alimentos al vapor es la mejor opción para evitar pérdidas nutricionales.

Es importante recordar que los alimentos cocinados sufren fermentación progresiva, por eso es aconsejable no dejarlos de un día para otro ni de una comida para otra. 

Es recomendable evitar las frituras por las altas temperaturas que alcanza el aceite. Además, el aceite envuelve los alimentos generando una densa capa que no permite que los jugos gástricos actúen en ellos. 

Las digestiones se vuelven lentas y pesadas, y los alimentos terminan siendo poco asimilables para nuestro organismo.

Lo que no asimilamos, se convierte en tóxico. Una exposición continuada a estos tóxicos trae consigo la fatiga de los sistemas de eliminación y regeneración, conduciendonos a la pérdida silenciosa de nuestra salud.

Utensilios de cocina

Las mejores cazuelas para cocinar son:

El microondas es un enemigo silencioso pero muy poderoso para nuestra salud.

El aluminio es tóxico, especialmente cuando cocinamos sustancias ácidas como el tomate. 

El papel de aluminio tampoco es recomendable: su contacto con los alimentos hace que este se vaya disolviendo en ellos. 

La olla a presión no es de las mejores alternativas, ya que las temperaturas alcanzadas en su interior, acarrean la pérdida masiva de nutrientes en los alimentos a ella sometidos. 

Las sartenes son igual de enemigas de nuestra salud, especialmente las de teflón, que corremos el riesgo de ingerirlo al rascarla y también puede liberar compuestos tóxicos como el flúor y otros gases.  

Además, las sartenes pueden ser sustituidas por el horno o una cazuela. No son necesarias en una cocina saludable. 

El horno microondas recomendamos evitarlo, ya que provoca una gran desnaturalización de los alimentos, al tiempo que lo impregna con corrientes electromagnéticas.

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Conservación de los alimentos

La desecación al sol, de forma natural, es la forma más sana de conservar los nutrientes de los alimentos, ya que mantienen en gran parte sus vitaminas, minerales y oligoelementos. 

También puede hacerse exponiendo los alimentos en un horno con una temperatura similar a la del sol cálido de verano (sobre unos 30-35ºC).

En relación con otros métodos, la pérdida de nutrientes que se produce en la desecación, es pequeña.  

Por otra parte, es importante almacenar los alimentos fuera del contacto directo con la luz solar, ya que numerosas vitaminas son fotosensibles y sufren alteraciones, especialmente la vitamina C y las vitaminas del complejo B. 

También se producen alteraciones en los ácidos grasos de los alimentos, llevando consigo al enranciamiento de los mismos. 

Es preciso tener especial cuidado con las conservas, ya que normalmente vienen teñidas de azúcar o sal añadida. 

Estamos de acuerdo en que la sal y el azúcar son unos conservantes estupendos, pero sabemos que su consumo está reñido con nuestra salud. 

Las únicas conservas a las que nos referimos si hablamos de salud, son las de frutas y verduras, y aquellas que se hacen artesanalmente. 

Si vas a hacer conservas en casa, lo ideal es poner ese excedente de fruta y/o verdura en tarros de cristal. Sin añadir ningún conservante (ni azúcar ni sal ni ningún otro), y almacenarlos a oscuras. 

Es preciso tener especial cuidado con los aditivos que se le añaden a los alimentos, esas sustancias químicas que incluso no sabemos ni cómo se llaman. 

Son sustancias extrañas a nuestro organismo y este las reconoce como tóxicas.

Lo mismo con los alimentos irradiados. Creemos que nadie disfrutará de su comida si sabe que para “conservarla mejor” ha pasado por un proceso altamente tóxico como es el haber sido sometido a radiaciones ionizantes.

“Mens sana in corpore sano”

Por último, recordamos que las vitaminas hidrosolubles (vitamina C y las del complejo B) se pierden en su mayoría en el agua de cocción de las verduras. Recomendamos entonces, cocinarlas con poca agua y durante poco tiempo. 

Además, si añadimos sal a la cocción, es preciso tener en cuenta que esto acarreará una mayor pérdida de vitaminas por el proceso de osmosis. 

Recordarte que cuando compres algún alimento que ya haya sido transformado, mejor elige el que en su composición no contenga “Es”.
Aunque siempre lo mejor será elegir un alimento libre de transformación, por supuesto. 

Desde Hygemon esperamos que estos consejos te hayan sido útiles y que los compartas con quien creas que puedan servirle de ayuda. 

Es importante qué comemos, pero también cómo lo comemos. Y no olvides que para llevar una alimentación sana, es preciso que en cada comida haya una buena cantidad de alimentos crudos. 

No todas las costumbres son buenas solo porque siempre hayan sido así. A veces la cultura nos incita a llevarnos a la boca  “alimentos” que por su forma de cocción o por el alimento en sí mismo, lejos de nutrirnos, lo que hace es perjudicarnos lentamente. 

En Hygemon queremos ayudarte a identificar aquellos alimentos que no acompañan ese estado pleno de bienestar que te pertenece para que puedas integrar en tu día a día aquellos que sí te nutren.

La idea es que consigas disfrutar tus comidas de una manera plena, consciente y nutritiva, valga la redundancia. 

En Hygemon te ayudamos a ayudarte. Allí donde estés

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